
Os deseo que paseis unas ¡Felices Fiestas! , muchas gracias por todo el apoyo recibido,
¡y que el próximo año se consigan unas mejores regulaciones para nuestros admirados tiburones! ;-)

El verano está a punto de comenzar en Australia, y se está notando en los pequeños incidentes que están ocurriendo en numerosas playas del país relacionando tiburones y personas, en una cantidad que hace prever un año más complicado que los anteriores en este sentido. Espero equivocarme.
Pero el pasado 8 de diciembre en una playa de Torquay, en el estado de Victoria, Australia, ocurrió algo bastante inusual. Daniel Hurst, un hombre de mediana edad, se encontraba paseando con sus perros por la playa, cuando atravesó su camino un canguro, saliendo de los arbustos cercanos, en dirección a la orilla del mar. El asombro del hombre creció cuando vió que el animal se introducía en el agua. Así que decidió quedarse observando la insólita escena que constituía ver un canguro nadando en el mar.
Debido al oleaje, a veces perdía de vista la cabeza del animal durante unos instantes, y además la corriente arrastraba al canguro hacia adentro. Cuando se encontraba a lo que estimó una distancia de 80 metros de la orilla, vió con toda claridad un tiburón impulsándose por encima de la superficie y atrapando al indefenso animal. Después de esto, el canguro simplemente desapareció. Daniel Hurst dice que vió con total claridad al tiburón y que mediría de 2 a 3 metros. Unos momentos después las gaviotas comenzaron a revolotear en el lugar donde el canguro desapareció.
El hombre comentó su historia con la gente de su entorno, que la acogió con un escepticismo total, dejando caer incluso la posibilidad de unas copitas de más. El asunto trascendió hasta la prensa local primero, y a la del resto del país posteriormente; con igual incredulidad, cuestionando además, en un pequeño debate nacional, la posibilidad de que un canguro nadase en el mar.
Daniel Hurst llegó a declarar que él no necesitaba notoriedad, que ha viajado por todo el mundo y que sencillamente esta ha sido una de las cosas más curiosas que ha visto, y que le daba igual si le creían o no.
Pero unos días después apareció un segundo testigo, Mick Boucher, residente en la zona, que se encontraba navegando en la playa, y dice que lo vió todo. Cómo el canguro entraba en el agua, y antes del ataque, se pudo ver la sombra del tiburón al lado del animal con toda claridad.
También ha trascendido que las autoridades locales retiraron los restos de un canguro encontrados en la playa al día siguiente, y numerosos residentes también vieron esos despojos antes de que se procediera a dicha retirada.
Como punto final, un biólogo aficionado ha enviado una imagen, la que acompaña este post, de un canguro nadando en la zona en marzo de este mismo año. Después también han surgido varios expertos que aseguran que aunque no es un comportamiento habitual, cuando un canguro se siente amenazado, por ejemplo por perros, puede entrar en el agua para evitar el peligro.
Parece que finalmente esta peculiar historia que fue acogida con total incredulidad, ha resultado cierta. Lo que no pase en Australia… ;-)
PD. En la prensa local, en los momentos de mayor escepticismo, realizaron un video supuestamente gracioso, se puede ver aquí: jaws-skippy

La gente de la revista online de imagen digital Let’s go digital realiza pruebas de cámaras fotográficas y todo tipo de productos relacionados. Para ello acostumbran a ir a lugares paradisíacos con fondos marinos espectaculares y retratan a la fauna que en ellos habita, a menudo tiburones.
A principios de año probaron una de las cámaras con el mágico y amigable tiburón ballena en las Maldivas.
Recientemente fueron a probar la Nikon 80 con carcasa submarina, a las Islas Bahamas. El primer día de inmersión encontraron numerosos tiburones grises de arrecife(Carcharhinus perezi) y un tiburón tigre (Galeocerdo Cuvier). En el segundo día, aparecieron hasta cuatro tiburones tigre de gran tamaño, que aparentaban nadar plácidamente, ajenos a los buceadores, hasta que uno de ellos enfiló repentinamente hacia el grupo de submarinistas. Y ya se sabe que una buena cámara, lo más grande posible, es la mejor protección en estos casos, que fue justo lo que sucedió. El buceador golpeó al animal con la cámara, quien lejos de sentirse impresionado la atrapó con su mandíbula, nadando agresivamente con ella entre sus dientes. Finalmente, para fortuna de los submarinistas decidió alejarse, por supuesto con la cámara.


Rasguño de tiburón, pero ataque, al fin y al cabo
(historia redactada por Tomás Barreiro para la revista fuerza 7)
Basado en un hecho tan real y fresquito como curioso.
"Me mordió un tiburón…"
Tres de diciembre y primer maretón del invierno en la costa norte pero con un alisio inconsistente. Guillermo me llama para ver si Famara es navegable: -negativo- le contesto, -está rompiendo por todas partes enorme, hay mucha corriente y el viento está muy racheado-. Guillermo decide ir a practicar un poco de Kite con los Cabrera en el sur, en la playa de Guacimeta. Esta zona, salvo excepciones, que se convierte en un reputado spot de olas, es una playa de aguas tranquilas, ideal para iniciarse en el windsurf o el kite, de ahí han salido gente como Ginés, Juan Daniel, Alberto, Miguel, Dani, Ivan, Santi, y tantos otros buenos locales. De hecho es la playa de la zona residencial de Playa Honda donde se bañan, juegan y nadan cientos de personas a diario.
A escasos metros de la orilla Guillermo pierde la tabla y se desplaza arrastrado por la cometa suavemente, como si hiciera un bodydrag, al estilo Kevin Cosner, en Water War, en la escena en que se decide ir a pescar a modo de corrican humano.
En eso que Guillermo siente un zarpazo en el antebrazo al que responde instintivamente soltando la barra de la cometa para dar un golpe con la otra mano a lo que posteriormente, pudo identificar como un pequeño tiburón de metro y medio que se alejaba después de comprender que el brazo de Guille no era una sardina fresca. Lo que para el bicho fue una confusión a Guillermo casi le provoca un infarto. Por más que optó por tranquilizarse, todavía le quedaban 50 metros hasta la orilla donde evitar imaginar otra escena dantesca era imposible. Sus amigos le recogieron el material sin saber que es lo que le ocurria. En treinta años de experiencia en el mar nunca había oído sobre ataques de tiburones en Lanzarote salvo al pescado de los buceadores de turno. Y tubo que ser a mi hermano. Y es que el mundo es un pañuelo.
Al final de la tarde lo llamé para ver si finalmente se había tirado en Famara y me contesta: -Chacho! ¿sabes que me mordió un tiburón?-…

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| Tiburón martillo varado en la playa-Escultura |



